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“EL PEARL HARBOR DE LOS SANITARIOS”, Por Javier Domínguez

” EL PEARL HARBOR DE LOS SANITARIOS”, UN RELATO DE MIEDO, PENA Y RABIA”.

Si hay que expresar con tres palabras lo vivido y sentido en estos meses de crisis sanitaria actual, serían: miedo, pena y rabia, las tres entremezcladas, girando como un torbellino en la mente y el corazón de todos los que han estado en ese campo de batalla figurado, que han sido los hospitales, centros de salud, residencias.

Miedo a enfrentarse a algo para lo que no estás preparado, a la incertidumbre de no estar a la altura profesional y humana, miedo a no poder ayudar de la manera más adecuada a tratar una enfermedad que también te puede matar a ti y a tus familiares. Hay que recordar expresiones de colegas, como: ” esto es medicina de guerra”, recordar la real “irrealidad” de los cambios a contra reloj de los espacios de trabajo habituales para reconvertirlos en zonas donde poder atender a los cientos de pacientes, ampliaciones de UCIs desbordadas, salas de espera y consultas llenas de camas. !! No hay material !!, hay que hacerse los EPIS con bolsas de basura o de abono, olor a lejía por todos lados, médicos que asumen la decisión de a quién intubar y a quién no , celadores y limpiadoras, sin dar abasto a fabricar sudarios con bolsas de basura y a limpiar habitaciones donde los pacientes morían solos sin sus familiares, si no tenían la suerte de que algún sanitario/a pudiera acompañarlos en su último suspiro.

Aparecen las rumiaciones sobre lo que se debió hacer y no se pudo y éstas no se van, se piensa en si se hizo bien en darle el respirador a aquel paciente que llegó antes o qué pasó con aquel otro que no tuvo esa suerte. Con las visitas completamente restringidas en todo el hospital, los profesionales han ido adquiriendo el papel de familiares casi de forma inevitable. “Hablar, consolar en la soledad y la pena. Tener que llamar a los familiares para dar malas noticias”.

Como personal sanitario y como esposo de personal sanitario en primera línea, lo sé bien: “No se descansa” y “al llegar a casa solo lloras”. La pena y el miedo se mezclan en tu cabeza como en una coctelera. Te obsesionas con el miedo a contagiar a los tuyos, les dices a tus hijos al llegar a casa ” no os acerquéis”, casi que te desnudas en la puerta y te vas directo a la ducha, más de 20 días hemos estado mi esposa y yo en habitaciones distintas, Estás en modo supervivencia, ves como se van perdiendo vidas que no deberían perderse .Muchos colegas “Se culpan por no haber tenido los medios”. “El efecto culpabilidad” también está cada vez más presente: “Nos contagiamos en un porcentaje mayor por la falta de medios y encima te piensas en que eres culpable por llevar el virus a tu familia o por haber fallado en algo”. Se Tiene en mente un hospital que no se reconoce. Piensas que cada nuevo día es volver a la guerra. El estrés va dando paso al algo aún más dañino, la rabia, que te corroe, este sentimiento generado entre los sanitarios tiene mucho que ver con la falta de protección y medios. !!Qué mal nos han protegido!!, para poder proteger a los pacientes.

No somos héroes, nos parecemos más a Kamikaces. Durante semanas, los profesionales han estado obligados a recurrir a soluciones creativas para cubrirse el cuerpo (chubasqueros, botas de agua, plásticos, gorros de ducha y hasta pantallas protectoras caseras), para así poder atender a los pacientes. y qué decir de los test serológicos a los sanitarios… que no sepamos ya, sin comentarios.. A estas alturas, la gente, quiere saber la verdad sin colores políticos ni disfraces ideológicos, quiere saber, si los que deben velar por la seguridad de los ciudadanos y sus profesionales, lo han hecho o no, si lo que ha prevalecido es la ideología y los intereses partidistas, si ciertamente ha sido algo tan inesperado que las advertencias de la OMS se quedaron cortas.. Tras el impacto inicial, tras la incredulidad y el shock, tras el dolor y la pena vendrá la rabia y la ira contra los posibles responsables, y estos sentimientos son normales en el duelo, por esos la búsqueda de la responsabilidad forma parte del trabajo del duelo y hay que favorecerlo, porque evitarlo sería contraproducente, para la salud mental de los afectados, que en este caso, somos todos, ello no implica tanto criminalizar como saber qué parte de irresponsabilidad ha existido, en los que se supone, debían haber actuado con responsabilidad y diligencia.

Ante la destrucción y la desgracia, el comportamiento de los seres humanos se puede orientar generalmente hacia dos actitudes: sobreponerse a la tragedia a través de la acción y la reconstrucción, los decentes o, por el contrario, reptar hacia la cima de los escombros y cadáveres con el fin de obtener una ventaja que de manera natural no se tendría ( los indecentes u oportunistas, los carroñeros, que vendrían a hacer negocio, a sacar réditos económicos o políticos, con la miseria y la desgracia ajena,). Ya lo dijo Viktor Frankl: ” podemos concluir que hay dos razas de hombres en el mundo, solo dos: la de los hombres decentes y la de los indecentes” El libro “La Peste” de A. Camus. 1947, mantiene intacta su capacidad simbólica, sobre todo en esta actualidad brutal que nos ha tocado vivir, en él vemos “un órdago por la solidaridad, la fraternidad y la heroicidad del hombre común”. Nos enseña que “la solidaridad se sintetiza en cualquier trabajo bien desempeñado”; “no se trata de colocarse en el lugar del otro, sino de entender que el otro somos cada uno de nosotros”.

“Poco a poco esto pasará. Y el hombre olvida”.. quiere retomar su vida. Siempre del mismo modo: después de las tragedias, el hombre trata de pasar página cuanto antes. Y el hombre olvida.” Espero que no olvidemos.. que seamos capaces como individuos y como sociedad de reconstruirnos, siendo más decentes y más honestos , asumiendo cada uno nuestra responsabilidad.

Dr. José Javier Domínguez González. Especialista en Cirugía Ortopédica y Traumatología y Especialista en Medicina Familiar y Comunitaria. Madrid, 14/06/2020.

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