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“En honor a la verdad” , por María Eizaguirre

En tiempos de crisis es cuando aflora en el ser humano lo mejor de sí mismo. Si lo aplicamos a la política, es cuando surgen entre las tinieblas, los verdaderos líderes. El coronavirus, además de miles de muertos y grandes dosis de dolor y sufrimiento, ha traído bajo el brazo un gran espejo. Un espejo de tamaño XXL que ha dejado al descubierto las vergüenzas de muchos de nuestros dirigentes políticos. No es lo mismo ostentar un cargo que ejercer el liderazgo, predicar que dar trigo. Por si fuera poco, la pandemia nos ha dejado otra batalla : la del relato. De nuevo la comunicación se ha convertido en el arma más poderosa. Una batalla en la que desgraciadamente la mentira ha ganado terreno al derecho a la verdad. Derecho también a la información, que a nivel usuario, ha sido necesario básicamente por tres motivos : para saber qué ocurría, cómo se estaba actuando y por último para frenar algo tan humano , como es el miedo. Durante estos meses millones de personas, confinadas en sus casas , han visto cómo los medios han sido su única ventana al exterior, un cordón umbilical que , lejos de cortar, trataban de mantener intacto con la esperanza, como en ‘Expediente X’, de encontrar ‘la verdad ahí fuera’. Un servicio público y esencial cuyo margen de error no es que fuera pequeño, es que directamente, no existía. Y no ha existido porque estábamos hablando de lo que más importa , de nuestra salud, de nuestra vida, de los seres a los que más queremos. La crisis del coronavirus es una crisis que se ha situado , y se sigue situando, en el terreno de las emociones. Y precisamente por eso la empatía y la prudencia, han sido algo más que palabras huecas. No ha importado tanto ser el primero en contar una noticia, como hacerlo quizá más tarde, pero con la seguridad de ofrecer una información rigurosa, objetiva, contrastada y transparente.

En esto último hay que denunciar que no han sido tiempos fáciles para los periodistas que hemos visto cómo realizar una simple pregunta era una misión de alto riesgo, por no decir prácticamente una misión imposible. Les confieso que somos muchos los que hemos sentido el peso de la responsabilidad sobre nuestras espaldas, sabedores, de la necesidad de concienciar sin alarmar, de ofrecer los datos sin hacer propaganda, de informar sin caer en la trampa de las fake news, de esos cientos de miles de bulos, que corren como la pólvora por las redes sociales. Y ojo , porque llegados hasta este punto, también deberíamos distinguir, entre bulo y crítica que por cierto – no está de más recordarlo- siempre es legítima. Tiempo habrá para hacer autocrítica y analizar si hemos estado a la altura de la situación. Si los aplausos, nos han impedido ver las lágrimas en los ojos de miles de compatriotas. Se suele decir que lo que no se ve no existe. Sin embargo por mucho que cerremos los ojos, la verdad no se esfuma. Basta con recordar el mito de la caverna de Platón. Podemos quedarnos mirando las sombras o romper nuestras cadenas y afrontar la realidad por muy dura que sea.

En estos días mandatarios de todo el mundo, con más o menos acierto, se han dirigido a los ciudadanos. Personas que esperaban que se les tratara como adultos y se les explicara simple y llanamente lo que estaba ocurriendo. La ciudadanía tiende a apoyar sin fisuras a su líder ante situaciones de máxima gravedad. Es lo que conocemos como un ‘cierre de filas’. Pero no lo hace siempre, solo cuando detecta que tiene enfrente un agente externo, por decirlo de otra manera, un enemigo común : un atentado, un desastre natural , o como en este caso que analizamos, un virus que pone en jaque no solo a todo el país sino al mundo entero.

Ante estas situaciones los ciudadanos, se unen en torno a la bandera, y apoyan a su líder sin muchas preguntas aunque si alguna irrenunciable: ¿Nos ha dicho la verdad? Entendamos el miedo como una reacción ante un peligro inminente. Y entendamos verdad como la correspondencia entre lo que pensamos o sabemos con la realidad. La verdad por tanto es lo opuesto a la falsedad, a la mentira. Y así se entiende filosóficamente hablando.

“Decir de lo que es que no es, o de lo que no es que es, es lo falso; decir de lo que es que es, y de lo que no es que no es, es lo verdadero.” Aristóteles Met., T,7, 1011 b26-8

Esta crisis nos ha permitido distinguir entre quienes han levantado la mano para asumir riesgos y quienes se han quedado paralizados o simplemente han ido al rebufo de los acontecimientos. Si lo aplicamos al fútbol , el líder pide el balón , quiere asumir en primera persona el riesgo de ganar o perder, quiere en definitiva jugar el partido. Ser quien arriesga cuando hay que tirar un penalti y la victoria pende de un hilo. Liderar es tomar decisiones. Afrontar la realidad y buscar la mejor solución. Dejar a un lado los intereses de partido y pensar a lo grande. El bien común, frente al interés individual. Grandeza frente a miseria partidista. Lealtad y generosidad frente a trucos de trilero y egoísmo de siglas. Porque un líder auténtico, no se confundan, defiende siempre la verdad como el mejor antídoto contra la mentira.

María Eizaguirre Comendador

Candidata a la presidencia y consejo de administración de RTVE.

Editora del Canal 24 horas

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