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Radar COVID: dimensión ética e implicación social

Desde el 20 de agosto esta aplicación está integrada con los sistemas sanitarios de cuatro comunidades autónomas para, a partir de aquí, extenderse al resto de las regiones con la intención de que en septiembre esté implantada en todo el territorio español.

La aplicación de esta herramienta de rastreo es una magnífica noticia porque es un instrumento de inestimable ayuda para frenar la pandemia; las grandes potencias europeas ya han desplegado sus aplicaciones con buenos resultados basadas, como ésta, en tecnología bluetooth.

Pese a ello, la idea de utilizar los móviles para rastrear los contactos genera dudas sobre todo en lo que respecta a privacidady eficacia, dos aspectos a tratar aquí.

Cierto que hay un debate moral acerca de la privacidad con un sector de la población preocupado porque se controle a los ciudadanos con la aplicación. Resulta llamativa esta postura cuando es más que probable que aquellos que enarbolan la bandera de la intimidad lleven encima algún dispositivo con la localización activada.

Este planteamiento de la aplicación como herramienta de control gubernamental se antoja ridículo y la falta de ética no se deriva de la aplicación debatida, que puede salvar vidas, sino de quienes se oponen a ella alegando un control inexistente pero que, con toda seguridad, habrán prestado su consentimiento para la geolocalización en multitud de aplicaciones, e incluso compartido sus datos de contacto para acceder a algo tan sencillo como la aplicación de linterna en su teléfono.

Seamos coherentes. En pleno siglo XXI, desaprovechar la oportunidad que nos brinda la tecnología para afrontar la crisis sanitaria actual no parece muy sensato; ver la aplicación como una aliada para prevenir los contagios, puede ayudarnos a perderle el miedo. Cierto que la distancia social, las mascarillas y la higiene son fundamentales y también complementarias, nunca excluyentes.

De forma sencilla, decir que es una aplicación anónima: no recoge ningún dato personal -ni siquiera el nombre que no hace falta para nada- ni tampoco la geolocalización; solo avisa del nivel de exposición que el usuario haya tenido en función de con quién se haya cruzado en los últimos catorce días, aproximadamente.

¿Qué es lo que hace? Sencilla en su funcionamiento, se descarga en el teléfono móvil, se activa el bluetoothy cuando te cruzas con gente va quedando en un banco de datos con quién te has cruzado, banco de datos que utiliza códigos alfanuméricos y no nombres, códigos que además no tienen relación (no van ligados a ningún dato), son aleatorios, van rotando y se guardan solo durante la quincena citada; luego está a salvo cualquier fuga de información. La aplicación solo avisa si hay algún positivo cerca de nosotros o si lo ha habido en los días anteriores (por ejemplo, si nos hemos cruzado el fin de semana con un positivo que con posterioridad tuvo conocimiento y lo comunicó oportunamente) por lo que hemos de revisar la aplicación periódicamente.

Es unaapp descentralizada (importante) en la que se comunican los dispositivos entre sí a través de bluetoothpero la información no se almacena en un servidor, solo en el dispositivo durante los días citados.

Para que nos hagamos una idea de su fácil manejo, hay una expresión en inglés que define perfectamente la aplicación y que se utiliza cuando una tecnología o mecanismo no tiene complejidad en su funcionamiento: foolproof.Pues eso, es tan simple y sencilla que nada puede hacerse mal, excepto no utilizarla.

Huelga decir que su uso mejora mucho los rastreos manuales -llega a doblar su eficacia- y que funciona estadísticamente muchas veces mejor que el mejor de los humanos. Luego parece necesario, incluso urgente, concienciar a la población de su utilidad y la necesidad de su uso: necesita cooperación para su eficacia.

Eficacia, segundo aspecto en liza. A salvo nuestra privacidad, hay un agujero que no es de carácter tecnológico sino social: la aplicación tiene un único botón para pulsar en caso de que la persona portadora del dispositivo tenga conocimiento de que se ha contagiado. Al pulsar el botón recibimos un código para comprobar que el dispositivo emisor y receptor es el mismo. Perfecto y simple, aunque habrá quien piense qué puede pasar si confirma su positivo por la presencia de coronavirus; al ser la descarga de la aplicación voluntaria así como la confirmación del positivo en la enfermedad -confirmación que recordemos va a una base de datos que es anónima-, queda al albur del usuario la eficacia de la aplicación.

Una persona madura no tendrá problema por responsabilidad y solidaridad. Hay que apelar y concienciar a la población de que todos tenemos que colaborar; somos seres sociales, vivimos en comunidad, tenemos derecho a la sanidad y tenemos la obligación de evitar su colapso.

Si la persona ha de ser madura, laappha de ser accesible para todos y aunque está bien hecha, por aportar nuestro granito de arena, nos atrevemos a sugerir un par de cosas que echamos de menos.

La primera que es inaccesible para ciegos, inconveniente de fácil solución incorporando alguna función como VoiceOver-por ser la más conocida-, un lector de pantalla integrado que describe en voz alta lo que aparece en pantalla. No dudamos de su próxima inclusión.

En segundo lugar y en aras a esa necesaria eficacia, parece imprescindible una campaña de información y concienciación potente para que todos conozcamos las ventajas (que son todas) de esta aplicación de rastreo de contagios de coronavirus. Más usuarios, más eficaz.

Tenemos que dejar que la tecnología nos ayude y para los aún escépticos y a modo de recapitulación, vaya una justificación ética de la aplicación en cinco puntos:

1. ¿Es necesaria? Sí, su desarrollo y uso salva vidas.

2. ¿Es temporal? Sí, cesará con la enfermedad.

3. ¿Es voluntaria? Sí, requiere consentimiento, nosotros elegimos instalarla y comunicar el positivo si fuera el caso.

4. ¿Somos anónimos? Sí, los que han estado en contacto con un positivo serán avisados del hecho y del riesgo, no de quién y cuándo.

5. ¿Su uso está limitado? Sí, solo para seguir y rastrear el Covid-19.

Si esta herramienta es respetuosa con la privacidad porque no nos pide nada y cuando hay un positivo lo que hace es intercambiar códigos alfanuméricos y, además, es eficaz si los ciudadanos la descargamos y utilizamos: ¿cuánta privacidad queremos tener a cambio de que la tecnología nos ayude? Aunque en España vivimos la privacidad de una manera distinta a otros países que tienen un sentido mayor del bien colectivo, no perdamos más tiempo, por favor.

La aplicación es impecable. Confianza y responsabilidad.

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