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“TRAS EL CORONAVIRUS…” por Javier Domínguez

La humanidad está ante una crisis mundial. Con seguridad la mayor crisis de nuestra generación. Las decisiones que están tomando los gobiernos y los ciudadanos en estos meses moldearán el mundo durante los próximos años. No sólo modelarán los sistemas sanitarios, sino también la economía, la política y la cultura. La pandemia por el COVID-19 ha puesto de manifiesto nuestra fragilidad humana, ni siquiera los países más poderosos se han librado de esta terrible tragedia, quizás, los más prudentes han tenido un mejor desenlace, pero lo real y lo que nos hace humanos es que somos vulnerables. A pesar de que la primera medida de contención del virus ha sido la misma que en siglos pasados, el confinamiento, a diferencia de épocas medievales y pasadas, no hemos puesto nuestra mirada en una divinidad misericordiosa que no salve, si no en una nueva deidad, la tecnología.¡La ciencia nos salvará!, Hemos visto como las tecnologías llamadas emergentes y que han hecho posible la llegada de la 4ª revolución industrial, como la Inteligencia artificial, las telecomunicaciones, el big data , la impresión 3D, la robótica y la ingenieria genetica y el CRISPR-CAS9 , han facilitado el control y el tratamiento de la pandemia, a pesar de la gran cantidad de fallecidos. Incluso con toda esta tecnología real que puede, incluso, desbordar nuestra imaginación, las personas han seguido muriendo y sufriendo, y se ha demostrado que al final de nuestra vida, la mayor de las miserias es morir solo. “Necesitamos de los demás”. Es bien cierto que gracias a estos avances se ha podido secuenciar el genoma del virus en un tiempo record, se están ensayando ya vacunas en humanos, se han utilizado la impresión 3d y la solidaridad de la gente para fabricar pantallas de protección, piezas para respiradores, la telefonía móvil y las videollamadas han permitido continuar en contacto a las personas a pesar de tener que estar aislados. El teletrabajo y la enseñanza online han permitido continuar conectados y manteniendo una actividad laboral y escolar desde el confinamiento en casa. Pero es cierto la ciencia no ha podido evitar una catástrofe sanitaria, como la que estamos viviendo, aún así, no cabe duda que sin ella la situación hubiera sido peor. Es indiscutible que la tecnología es fundamental para la humanidad ,pero aún lo es más cómo usamos ésta, ahí está la gran cuestión.Estamos ante una nueva realidad, será un antes y un después del coronavirus, y tendremos que intentar dar respuesta a algunas de los interrogantes más importantes que ha impuesto esta cambio tecnológico acelerado a la especie humana. Después de superar la pandemia del COVID-19, el mundo va a cambiar. No va a ser el mismo, con el paso de los meses, nos veremos diferentes. Tendremos que aprender a desenvolvernos en una “normalidad” hasta cierto punto distópica. La economía está maltrecha y los cambios que posiblemente iban a tardar más tiempo en implementarse, como el teletrabajo, la enseñanza online, la telemedicina, la incursión de los robots en la vida de las personas, se van a acelerar. En el turismo, la educación, el trabajo, el transporte, los sistemas de salud pública, el ocio y la industria del espectáculo, etc., vamos a presenciar cambios inmediatos. Con seguridad se abrirán nuevos mercados, y formas de control a la ciudadanía, los cuales, ayer podían ser inéditos, o casi imposibles. Los cambios más profundos que vamos a sentir, van a influenciar a la esfera de nuestra afectividad, nuestra forma y calidad de vida no va a ser igual que antes. Volveremos a estar juntos pero al mismo tiempo, con ese distanciamiento social preventivo. Será extraño. Una vez superado el desconcierto impuesto por la pandemia, la moderna automatización y los nuevos paradigmas tecnológicos que conlleva el desarrollo de la cuarta revolución industrial, no solo reanudará su vertiginoso ritmo, sino que experimentará una pronunciada aceleración en los próximos tiempos.Para Klaus Schwab, las tecnologías que han permitido entrar en una nueva era son: la Inteligencia Artificial, la robótica, el Internet de las cosas (IOT, por sus siglas en inglés), los vehículos autónomos y drones, la impresión en 3D, la nanotecnología, la biotecnología, los nuevos esquemas de almacenamiento de energía, el cómputo en la nube y la computación cuántica. En 1998 Ray Kurzweil (director de ingeniería en Google) introdujo el concepto fenomenológico de “singularidad” un escenario futuro en el que los avances tecnológicos y la Inteligencia artificial superaran a la Inteligencia humana. Los enormes avances en biotecnología e ingeniería genética, el potencial de la Inteligencia Artificial, la analítica del Big data y el Internet de las Cosas, van a suponer una revolución en los servicios de salud durante los siguientes años. Conseguir que la 4º Revolución Industrial sea, ante todo y sobre todo, humano-céntrista significa que los líderes políticos, los líderes tecnológicos y los ciudadanos deben colaborar y redefinir los marcos de actuación y la elaboración de sistemas tecnológicos basados en valores humanos y éticos . Tras esta crisis sanitaria y económica este es el gran reto decisivo y la gran oportunidad que nos toca liderar en nuestra época: hallar la forma de que las tecnologías emergentes de la 4º Revolución Industrial incrementen el bien común, preserven la dignidad humana y garanticen la conservación del entorno para las generaciones futuras. Para Klaus Schwab la 4º revolución industrial lleva implícita la transformación de la humanidad, así dice: “ cuanto más pensemos en cómo aprovechar la revolución tecnológica, más nos examinaremos a nosotros mismos y analizaremos los modelos sociales subyacentes que estas tecnologías encarnan y habilitan y tendremos más oportunidades de dar forma a la revolución de una manera que mejore el estado del mundo”. En este escenario de avances tecnológicos casi futuristas resurge con fuerza la ideología transhumanista que defiende la potenciación de los capacidades individuales por medio de la tecnología y la manipulación de la vida con el fin de mejorarla, transformar al individuo como especie y alcanzar una nueva manera de evolución artificial afín de que se puedan eliminar aspectos no deseados y no necesarios de la condición humana, como son: el sufrimiento, la enfermedad, el envejecimiento y hasta la condición mortal.

En definitivo de conseguir un nuevo humano mejorado. Por contra la corriente bioconservacionista es partidaria de preservar los atributos individuales propios del ser humano y respetar al individuo como especie y su evolución natural teniendo en cuenta las consecuencias globales. El filósofo Nick Bostrom, presidente de la World Transhumanist Association (WTA), afirma que el “Transhumanismo” representa una nueva concepción operativa del futuro del hombre; concepción que reúne a científicos y expertos procedentes de distintos sectores del saber: Inteligencia artificial, neurología, nanotecnología, y otros investigadores en biotecnología aplicada. A éstos se unen filósofos y hombres de las artes y la cultura, con el mismo fin: el de cambiar, mejorar la naturaleza humana, y prolongar su existencia. Hasta aquí es deseable y lógico ese planteamiento, pero el problema son los métodos a usar, que tendrían que afrontar un importante dilema bioético y lo que está en juego en dichos cambios, que es la esencia humana.Kurzweil estima que alrededor del año 2050, gracias a los avances de la nanomedicina y, mediante la introducción de nanorobots en el organismo, capaces de intervenir directamente en nuestras células, la esperanza y calidad de vida de las personas podría extenderse de forma espectacular. El envejecimiento, efectivamente podría ralentizarse, inclusive, hasta podría revertirse, sería “La muerte de la muerte” como afirma José Luís Cordeiro en su libro del mismo nombre. Alrededor del año 2099 podríamos volveremos amortales.

Yuval Noah Harari, destacado historiador israelí, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén, coincide con los pronósticos de Kurzweil y, advierte que el hombre se ha forjado el firme propósito de derrotar a la muerte y rediseñar la vida. Hemos recuperado la utopía y el sueño prometeico de Frankenstein. La bioingeniería -afirma Harari- hace una apuesta por acelerar el proceso de selección natural -el ascenso de humanos a dioses-, el cual puede darse a través de tres caminos: ingeniería biológica, ingeniería ciborg e ingeniería de seres no orgánicos.

El cambio climático, la superpoblación y las pandemias como la que estamos viviendo, van a poner a prueba la capacidad de adaptación del ser humano y puede que obliguen a una evolución artificial controlada, como proponen los transhumanistas más radicales. Por eso es importante poner en un contexto bioético y prohumanista dichas propuestas para evitar que se puedan realizar intervenciones incontroladas, que atenten contra la dignidad humana y de los pueblos.En el futuro inmediato podríamos estar expuestos a nuevas pandemias, cuyos efectos inclusive podrían resultar más devastastadores y terroríficos aún que el COVID-19. No cabe duda de que la manera en que interaccionamos con el planeta y su biodiversidad y el cambio climático, pueden propiciar nuevos retos sanitarios como el que estamos sufriendo. Ante la posibilidad de enfrentar nuevas pandemias, en algunos sectores e industrias, se va a acelerar la eventual sustitución de personas por androides autómatas. Ello, sin duda vendría seguido de un aumento en el desempleo tecnológico. Pero no sólo este asunto tiene un siniestro futuro, es incuestionable que la implementación de las tecnologías disruptivas va a ser muy rápida tras la crisis del coronavirus y va a transformara por completo nuestra forma de vida., y es entonces cuando aparecen nuevos riesgos: la hipervigilancia y los totalitarismos con la excusa de la bioseguridad y la salud pública y podrían estar presentes en nuestro futuro más cercano. El historiador israelí Yuval Noah Harari, en un artículo en el Financial Times de abril de este año, augura inquietantes escenarios posibles en función de las decisiones que las autoridades mundiales adopten. Y todo ello bajo una gran presión social.

Esas decisiones son las que definirán nuestro modo de vida futuro. «Esa es la naturaleza de las emergencias. Aceleran los procesos históricos.Las decisiones que en tiempos normales podrían llevar años de deliberaciones se aprueban en cuestión de horas. Se apresuran a poner en funcionamiento tecnologías en fase de desarrollo y hasta peligrosas porque los riesgos de no hacer nada son mayores. Países enteros sirven como conejillos de indias en experimentos sociales a gran escala», refiere Harari. Las medidas que se están adoptando actualmente se articulan en torno a dos frentes diferentes.

El primero tiene que ver con las restricciones de movimiento, y aquí se trata de «decidir entre la vigilancia totalitaria y el empoderamiento de la ciudadanía».

El segundo, con las soluciones y aquí hay que optar por «el aislamiento nacionalista o la solidaridad global», explica Harari. La clave radica en la confianza en la ciencia, en las autoridades públicas y en los medios. Cuando los ciudadanos confían en que las autoridades públicas les van a contar los hechos científicos que están detrás de las directrices que van a tomar, «hacen lo correcto sin que haga falta un Gran Hermano vigilante sobre sus hombros».

El segundo frente se presenta a la hora de plantear las soluciones, si desde una la óptica del aislamiento nacionalista o la solidaridad global. Para Harari solo la segunda nos llevará a buen puerto porque, tanto la pandemia como la crisis económica que viene, afectarán a todo el mundo. Salir de ésta pasa por un plan global basado en la confianza y cooperación en los distintos países. En este sentido el libro “La Peste” de Albert Camus. 1947, mantiene intacto su capacidad simbólica, sobre todo en esta actualidad brutal que nos ha tocado vivir, en él vemos “un órdago por la solidaridad, la fraternidad y la heroicidad del hombre común”. Nos enseña que “la solidaridad se sintetiza en cualquier trabajo bien desempeñado”; “no se trata de colocarse en el lugar del otro, sino de entender que el otro somos cada uno de nosotros”. Los personajes de Camus dudan, retroceden, se desdicen, pero también se convierten en héroes modernos al dar lo mejor de sí mismos en lo que hacen. No todos. Porque también acampa el egoísmo, y la inacción, y el aprovechamiento de la miseria ajena para hacer negocio…Pero si algo emerge en esta historia, en esta fábula tan actual, setenta y tres años más tarde, es la “decencia” como símbolo , como cimiento de una sociedad con dignidad. “Es, precisamente, la decencia y la honestidad lo que consigue derrotar la peste”. y eso es precisamente lo que nos mantendrá humanos frente a la singularidad tecnológica que cada vez está más cerca.

Dr. José Javier Domínguez González.VP. ICL Foundation. Especialista en Cirugía Ortopédica Oncológica. MD Anderson Cancer Center.

Madrid, 21/06/2020

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